• Paulo K Tiról

5/16/21: “As they were looking on, he was lifted up.” (Acts 1:9)


“There is so much mystery surrounding Jesus’ ascension into heaven. For example, why did the risen Christ leave the earth after forty days (Acts 1:3)? How was he lifted up physically into the sky (1:9)? Did it happen instantaneously or over a period of time?

We may never know the answers to these questions this side of heaven. But we can understand something of God’s great love for us as we meditate on this feast.

First, the ascension tells us that when Jesus took on our human nature in the Incarnation, he didn’t do it temporarily. The Word became flesh, not just for the thirty-three years Jesus walked the earth, but forever. The Incarnation of Christ was an act of great humility—God stooping down to become a creature. But it was more than God stooping down. He was also lifting us up because Jesus, as much human as he is God, has taken his seat at the right hand of God (Mark 16:19). Now our own human nature is caught up in the life of the Trinity. That’s how much God loves us!

Second, because we are praying to a God who is still both human and divine, our relationship with Jesus is very personal. As we pray, we can picture a real human being standing before us, looking into our eyes and comforting us with a warm embrace. Not only that, but we know that in heaven, Jesus in his human body is physically interceding for us (Hebrews 7:25). How reassuring it is to know that he understands our human condition! He has experienced it himself and so sympathizes with our weakness (4:15).

Today, spend some time at Mass reflecting on the great wonder of a God who loves us so much that he would become one of us—not just for a short time, but forever!”

Father, I thank you with all my heart for Jesus, the Word made flesh.


“Mientras los discípulos miraban, Jesús se fue elevando” (Hechos 1, 9)


La Ascensión de Jesús al cielo provoca muchas preguntas. Por ejemplo, ¿por qué Cristo se fue al cielo cuarenta días después de su resurrección (Hechos 1, 3)? ¿Cómo fue elevado físicamente al cielo (1, 9)? ¿Ocurrió instantáneamente o durante un período de tiempo?

Es posible que nunca lleguemos a saber las respuestas mientras estamos en este mundo. Pero al considerar la ascensión de Jesús podemos entender algo del gran amor que Dios tiene por nosotros.

Primero, la ascensión nos dice que Jesús, haciéndose humano en la Encarnación, no lo hizo como medida provisional. El Verbo se hizo carne, no solo durante los treinta y tres años que Jesús caminó sobre la tierra, sino para siempre. La Encarnación de Cristo fue un acto de gran humildad: Dios se inclinó para convertirse en criatura. Pero por la encarnación Dios hizo más que humillarse. A la vez nos estaba levantando, ya que Jesús, tan humano como divino, está sentado a la derecha de Dios (Marcos 16, 19). Desde ese momento nuestra propia naturaleza humana se funde en la vida de la Trinidad. ¡Eso deja ver lo mucho que nos ama Dios!

En segundo lugar, debido a que oramos a Jesús, tanto humano como divino, nuestra relación con él es muy personal. Mientras oramos, Jesús nos invita a verle a él, un ser humano que nos mira a los ojos y que nos consuela con un cálido abrazo. Además sabemos que en el cielo, Jesús en su condición humana intercede físicamente por nosotros (Hebreos 7, 25). ¡Cúanto nos reconforta saber que Jesús comprende nuestra condición humana! Él mismo la ha experimentado, y por eso se compadece de nuestra debilidad (Hebreos 4, 15).

En la Misa de hoy, considera la gran maravilla de un Dios que nos ama tanto que se convirtió en uno de nosotros, ¡no solo por un corto tiempo, sino para siempre! ” Padre, te doy gracias de todo corazón por Jesús, el Verbo hecho carne.

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