• Paulo K Tiról

6/6/21: The fullness of Christ's love and mercy for us



When I reflect on the Solemnity of the Most Holy Body and Blood of Christ I am moved to consider how much Christ reveals to me through the Eucharist his unconditional love and mercy for me. Indeed, His body and blood offered to me and to all other believers gives witness to the fullness of Christ’s love and mercy for humanity. Christ held nothing back as he died on the cross and established a new covenant with us (Mark 14:24). He also poured out his Spirit, who would write his law on our hearts rather than on tablets of stone. For our part, he asks us to follow his commandments, seek his forgiveness when we stray, and reflect his love and mercy to the people around us.


This Feast of Corpus Christi, 2021 is further distinguished for us as a local Church as the Sunday that our bishops invite us back into our Sunday obligation to receive God’s Word to us in the Mass and also partake of Jesus’ body and blood for us, the Eucharist. Yet I believe that this FULL OPENING of our local Church will demand a special prayer and discernment by us as individuals and local parishes. So many of our families have shared with me after my verbal message last Sunday and two videos that appeared on our website and Facebook page, how they desire to return to our Sunday worship but feel compelled to wait for a time. For our younger families, the HOME HEROES of St. Aedan’s, there is still the concern that their children are not yet vaccinated. As concerning as this is for our parents, many of our children are scared as well to venture far as they hear through the media that the surest defense from COVID is the vaccine. At the same time, our older families, the PILLARS of St. Aedan’s, are struggling with health challenges brought on by the Pandemic and so many months of stress and isolation. These parishioners do not feel physically or emotionally able to return yet to Mass. To all of them and anyone else not yet sure about coming back to Mass at this time I say, “It is okay; take your time; continue to pray and discern with Christ; and feel His love and mercy as well as the love of your St. Aedan’s family.” Yes, we desire a full opening of St. Aedan’s but we will do so, as we have done with a “reopening” STEP BY STEP and with great care and sensitivity.


At the same time, and as I ponder the word “fullness” this day, I am also aware that for so many of our families from all parts of the world, they continue to feel disconnected and deeply preoccupied by family and friends who remain in harm’s way because of COVID. In so many of the countries of our beautifully diverse and global parish family, loved ones have died and continue to suffer in this this time of Pandemic. Let us pray that Jesus’ desire to offer himself completely in love and mercy will bring us comfort and strength as we continue our prayers for those we love who are far away.


Finally, I pray that this great Feast give us courage and strength to continue our journey as a Catholic Jesuit parish emboldened by St. Ignatius of Loyola’s inspiring mission statement:


Ad Majorem Dei GLoriam! For the Greater Glory of God!


LA PLENITUD DEL AMOR Y DE LA MISERICORDIA DE CRISTO POR NOSOTROS


En la fiesta del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, me conmueve considerar cuánto la Santísima Eucaristía me invita a ver el amor incondicional y compasivo que Cristo tiene para mi. El Cuerpo y la Sangre que Cristo ofreció por mi y por todos los demás creyentes dan testimonio de la plenitud del amor y de la misericordia de Cristo por la humanidad. Cristo no retuvo nada cuando murió en la cruz y estableció un nuevo pacto con nosotros (Marcos 14, 24). El mismo Cristo, resucitado, derramó su Espíritu para inscribir su ley en nuestro corazón y no en tablas de piedra. Por nuestra parte, nos pide que pongamos sus mandamientos en práctica, busquemos su perdón cuando nos desviamos, y reflejemos su amor y misericordia a los que nos rodean.


En esta fiesta del Cuerpo y Sangre del año 2021 los obispos del país nos invitan a asumir de nuevo nuestras obligaciones dominicales. Ya que el peligro de COVID se disminuye, los obispos nos invitan a participar plenamente en la Eucaristía, prestando atención a la Palabra de Dios y recibiendo el Cuerpo y la Sangre de Jesús.

Sin embargo, creo que esta APERTURA TOTAL, después de tantos meses de puertas cerradas o parcialmente cerradas, no será posible sin mucha oración y discernimiento. Después de mi mensaje verbal del domingo pasado, y de los dos videos de nuestro sitio web, muchas familias me han dicho cuánto desean regresar a nuestra misa dominical pero se sienten obligados a posponerlo por un rato. Nuestras familias más jóvenes --- los HÉROES que mantienen los hogares — no dejan de preocuparse por los hijos que aún no se han vacunado. Por muy preocupante que esto sea para nuestros padres, muchos de los hijos también tienen miedo de aventurarse lejos, ya que los medios de comunicación siguen insistiendo en que la defensa más segura contra el COVID es la vacuna. Al mismo tiempo, nuestras familias mayores, los PILARES de St. Aedan's, están lidiando con los problemas de salud provocados por tantos meses de estrés y aislamiento. Estos feligreses no se sienten física o emocionalmente capaces de regresar todavía a la Misa. A ellos y a cualquier otra persona que aún no esté segura de regresar a la Misa en este momento, les digo: “Cálmate; No te des prisa; Confía en el Espíritu; Continua orando y discerniendo con Cristo; y siente Su amor compasivo, lo mismo como el amor de tu familia de St. Aedan". Sin duda alguna, deseamos una apertura completa de St. Aedan's pero lo haremos PASO A PASO, como ya lo hemos hecho en el pasado, con una “reapertura” de mucho cuidado y de forma prudente.


Al reflexionar sobre la“plenitud” de esta fiesta, también reconozco que muchas de nuestras familias, originarias de otras partes del mundo, se sienten desconectadas, unas de otras, y profundamente preocupadas por familiares y amigos que se enfrentan con los riesgos peligrosos del COVID. En muchos de los países de nuestra familia parroquial, bellamente diversa y global, nuestros seres queridos han muerto y continúan sufriendo la pandemia. Miremos a Jesús que se sacrificó completamente para darnos la victoria. Que el amor generoso de Jesús nos traiga consuelo y fortaleza mientras continuamos nuestras oraciones por nuestros queridos que viven lejos. Finalmente, oro para que esta gran fiesta nos dé valentía y fuerza para continuar nuestro viaje como peregrinos que se inspiran en el lema famoso, jesuita y católico, animados por las palabras inspiradoras de San Ignacio:


¡Ad Majorem Dei Gloriam! ¡Para la mayor gloria de Dios!

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