• Paulo K Tiról

11/8/20: Naming the graces this November / Ponerles nombre a las gracias recibidas este noviembre


As an undergraduate History major and one who focused on “the Era of FDR,” I have been imagining the President of the Depression Era and World War II declaring about this moment: “2020, a year that will live in infamy.” From COVID to the elections, we have all been feeling the stress and strains of extremely challenging times. Yet, as a parish inspired by St. Ignatius of Loyola and his retreat text, The Spiritual Exercises, I feel that this moment and the month of November invite us to a spiritual exercise called: NAMING THE GRACES. For Ignatius this exercise invites us into an awareness of how very present and active our God of love is daily and in so many varied ways. Let me personally model for you this spiritual exercise.


Since becoming Administrator of St. Aedan’s on July I have been so aware of an outpouring of generosity and availability by so many parishioners. This two-fold grace of generosity and availability has allowed the parish to reopen cautiously and caringly, complete the 2019-2020 Religious Education year and work presently on the 2020-2021 Virtual Religious Education Program. Thanks to veteran Catechists, recent graduates of Saint Peter’s University, parents of children in the Program and a fellow Jesuit who teaches at Saint Peter’s Prep we have begun a totally new approach to Religious Education at St. Aedan’s. More recently, I have identified two other graces emerging through the children, parents and catechists of Religious Education: creativity and imagination.


Another grace has been the response of our young families to the invitation to baptize their babies. In our Zoom Preparation Sessions I have been WOWED by their faith end that holy desire to welcome their baby to the Catholic Church. As we prepare for the twenty-ninth and thirtieth Baptisms this weekend, I name as a grace from God the witness of faith by our parents and godparents.


Thanks to our young adults who have stepped up to become Lectors and Junior Assistant Catechists, I can name as final grace of this moment openness. I recall several of our young adults who had been altar servers before the Pandemic approaching me in July and August expressing their sadness about not being able to serve. We began to discuss other options in this Pandemic Moment and God led us to new and exciting possibilities. Indeed, we are blessed by incredible young people at St. Aedan’s.


Yes, these have been very challenging times but I encourage every parishioner, young and old, to enter into this exercise of NAMING THE GRACES, especially this month. November is our month to remember our beloved dead, those women and men whose faith and love touched our hearts deeply and who we can never forget. God is with them, God is with us no matter how difficult the moment. God’s love for us is everlasting.


“O Jesus, help me throughout this month of November to recognize the graces you are daily offering me. As I name these graces also help me to then go forth to better love and serve in your glorious name.” AMEN.



Como estudiante universitario de la historia, con enfoque especial sobre el Presidente Franklin Roosevelt, puedo imaginar que Roosevelt, que gobernaba en tiempos difíciles de guerra, juzgaría la elección actual como una crisis infame e inolvidable. La pandemia y la elección nos hacen reconocer el estrés de nuestro propio tiempo difícil. Sin embargo, somos una parroquia inspirada por San Ignacio de Loyola y por su gran libro de oración, Los Ejercicios Espirituales, y en este mes de noviembre nuestro Santo fundador nos invita a la oración. Y sobre todo a la oración que se llama: Ponerles nombre a las gracias recibidas ---- o sea, una experiencia profunda de la presencia de Dios en la vida diaria. Déjenme darles, en mis propias palabras, unos ejemplos destacados de algunas gracias recibidas:


Después de convertirme en Administrador parroquial, hace unos pocos meses, la GENEROSIDAD y la DISPONIBILIDAD de tantas personas no dejan de impresionarme. Estas dos gracias recibidas, la generosidad y la disponibilidad, nos han permitido durante la pandemia de abrir con cuidado las puertas del templo, de llevar a cabo el programa de Formación Religiosa del año pasado, y de iniciar el nuevo programa de Formación Religiosa actual. Les agradezco a los catequistas veteranos, a los diplomados recientes de la Universidad de San Pedro, a los padres de familia que participan en la formación de sus hijos, y a un compañero jesuita que es maestro en la Escuela Preparatoria de San Pedro. Por los esfuerzos suyos, vamos creando un nuevo modelo de Formación a beneficio de los muchachos de la parroquia. Por lo tanto he visto otras dos gracias recibidas: la CREATIVIDAD y la IMAGINACIÓN.


Otras gracias recibidas son la FE y el ENTUSIASMO de las parejas jóvenes que responden a la llamada de Dios y piden que sus hijos sean bautizados. La fe de los padres, que preparamos con seguridad por Zoom, me impresiona muchísimo, ya que los padres ruegan que los hijos, por las aguas de Bautismo, se conviertan en miembros activos de nuestra Iglesia católica. Este fin de semana serán celebrados los bautizos veinte-nueve y treinta, una prueba sobresaliente de la presencia de Dios con nosotros.


Por fin, puedo ponerle nombre a la última gracia recibida: el ESPÍRITU ABIERTO de los jóvenes que se han hecho voluntarios, como Catequistas ayudantes de la Formación Religiosa, o bien como Lectores en la celebración de la misa. Por el contagio posible del virus, los jóvenes monaguillos se pusieron tristes por no poder seguir sirviendo la misa. Pero habiéndolo pensado bien, otras posibilidades de servicio se presentaron, y los jóvenes las aceptaron con gozo. Gracias a la bondad de Dios, los jóvenes son una bendición verdadera a la parroquia.


A pesar de los retos actuales, les animo a todos, tanto jóvenes como mayores, a mirar su propia vida y a ponerles nombre a las gracias recibidas durante el mes de noviembre. Mientras recordamos en noviembre a los queridos fieles difuntos, le damos gracias a Dios por la impresión profunda que los queridos difuntos han dejado en el corazón. Vivirán para siempre en nuestra memoria. Dios está con ellos; Dios está con nosotros, por difícil que sea el momento actual. El amor de Dios es eterno.


Oh Jesús, en este mes de noviembre, ayúdame a reconocer las gracias que me ofreces todos los días. Al ponerles nombre, ayúdame a amar mejor para tu mayor honor y gloria. Amén.


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