• Paulo K Tiról

11/1/20: The call to holiness and the call to love / Llamados a la santidad y llamados al amor


I recall as a boy asking my dad once why the celebration of All Saints and of All Souls is back to back. For my young mind, this just didn’t make sense. My father explained that on All Saints Day we celebrate all those the Church has named for us as holy men and women while on All Souls we name from our own lives those family members and friends who have died but whose love and care for us when they lived continues to inspire us. My dad went on to provide his curious son with examples from his own life: his mom, stepmother and several aunts who he knew I had heard lots about from him. My dad’s lesson really did help me to better understand and I never forgot his early faith instruction.


The Saints of our Church we celebrate this Sunday and all the Souls we remember with great thanksgiving to God this Monday and throughout the month of November challenge us to live the call to holiness and the call to love from Christ himself. Our favorite Saints and our beloved dead were women and men just like us, sinners but always trusting in the healing mercy and love of Christ. With that mercy and love, they went forth to care and serve. Their lives have and will continue to inspire us to do the same. Like them, we must not fear or despair. Rather, we must go forth in great faith, hope and love to be Christ’s hands and heart in a world ravaged by a Pandemic, racial and social injustice and so much anger. Can we be Christ’s hands and heart in this moment; can we be like the Saints and inspirational Souls who have left an undeniable mark on our hearts?


Throughout this month of November we will keep the names of all of our beloved dead on the altar. At every Mass the celebrant will pause to remember all those amazing women and men written on our special envelopes. As that moment of silence unfolds, let us give thanks to Jesus for their witness to the faith and how we are called in this moment in time to imitate them. I know that when I take that moment of silence during the Mass to remember our beloved dead, I will be especially remembering the man that taught me so much not just as a child but also as a man. I will be remembering my dad.

I believe a perfect prayer for this week as we begin our November journey as a faith family is one from St. Ignatius of Loyola, the Founder of the Jesuits:


“We ask you, Lord, to help orient all our actions by your inspiration and carry them on by your gracious assistance, so that every prayer and work of ours may always begin from you and through you be happily ended”



Cuando era un niño, le pregunté a mi papá porque la Iglesia celebraba dos fiestas consecutivas: la de Todos los Santos, y la de Todos los Fieles Difuntos. Mi cerebro de muchacho no lo podía entender. Mi papá me dijo que en la fiesta de los Santos la Iglesia rendía honor a los nombrados santos en la gloria del cielo, mientras que en la fiesta de los Muertos recordamos a los fallecidos de la familia y de los conocidos, de los cuales la bondad no dejaba de inspirarnos. Para satisfacer mi curiosidad mi papá me contaba algunos relatos de su propia vida: el ejemplo de su mamá, su madrastra, y unas tías bien conocidas en la familia. Los cuentos de mi papá me ayudaron a comprender, y se han quedado en mi memoria hasta el día del hoy.


Los Santos que honramos este domingo, los Muertos que recordamos el lunes, y la acción de gracias que le damos a Dios durante el mes de noviembre — son un reto que nos llama a vivir en santidad, llenos del amor de Cristo mismo. Los Santos predilectos y los Muertos bien amados fueron seres humanos como tú y yo, pecadores que confiaban en la misericordia y el amor de Cristo. Movidos por ese amor y misericordia se dedicaron a servir a los demás. La vida de los Santos y de los Muertos, una vida que nos inspiró, no dejará de inspirarnos a seguir su ejemplo. Nos toca a dedicarnos, con mucha fe, mucha esperanza, y mucho amor a ser las manos y el corazón de Cristo en este mundo, trastornado por una pandemia, por la injusticia racial y social, y por mucha rabia. ¿En el mundo actual podemos convertirnos en las manos y el corazón de Cristo? ¿Podemos imitar a los Santos que tanto nos inspiran por la impresión que han dejado en nuestro corazón?


En este mes de noviembre se quedarán en el altar los nombres de nuestros queridos Difuntos que hemos inscrito en los sobres especiales, y habrá un momento de silencio para recordarlos ante Dios. En ese momento demos gracias a Jesús por el testimonio de fe que los queridos Difuntos nos han dejado; y aceptando la llamada de Jesús, imitemos a los Santos y a los Muertos. En ese momento precioso sé a quién recordaré — recordaré al que me tanto enseñó, siendo niño y siendo adulto — recordaré a mi papá.


La oración que sugiero para esta semana, una oración perfecta para el viaje que comenzamos en noviembre, una oración inspirardora de nuestra familia de fe, viene de San Ignacio de Loyola, el fundador de los jesuitas:


Oh Espíritu de Dios, te pedimos que orientes
todas nuestras acciones con tus inspiraciones;
sácalas adelante con tu gracioso auxilio,
que cada oración y obra nuestra comience siempre por ti, y a través de ti concluya felizmente. Amén.


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