• Paulo K Tiról

10/25/20: Strangers No Longer / Ya No Somos Extranjeros


God likes to challenge our personal and political boundaries. Today’s first reading calls our attention to an important section in the Book of Exodus in guiding the borderlines of ethical behavior and social justice, especially regarding the foreigner and the marginalized.


What might make this selection in Exodus a bit different is that Jacob’s children were themselves liberated from Egypt. Freedom from oppression then forms the narrative not only for the Book of Exodus, but the Hebrew Scriptures as a whole. Indeed, God’s call of the people out of Egypt into the Promised Land is the lens that shapes the Chosen People’s own identity as a corporate body. God will protect the powerless and “surely hear their cry,” even as the Lord has heard the misery of those same people and sent Moses to confront the powers of Egypt.


Inscribing the Exodus narrative into the hearts of the Chosen People undoubtedly shaped the two Greatest Commandments. Love of God and neighbor are the two-pronged ethical realities from which all decisions must be made.


Do we? If we claim to love God, then we must own the moral code that shapes the Judeo-Christian tradition. Oppression and abuse of anyone under any circumstance is unacceptable. That mandate comes to the baptized in a special way, since Christ has brought us into the promised land of salvation and grace. We set up no borders in the landscape God has given us but open our hearts to radical hospitality and love of neighbor.


The U.S. Catholic Bishops has paid special attention to welcoming the immigrant as “strangers no longer” over the last several decades. The long history of prejudice and racism against African Americans in this country, further marred by the unspeakable crimes of lynching and whiter nationalism, ought to alert the Christian community to the solidarity embedded in God’s call for liberation in Exodus. If Christ has set us free in his grace, then the call for justice for all comes as a law inscribed in our hearts and a declaration on our lips.


May we journey into this new week as the St. Aedan’s Parish family uttering these words as our prayerful mission mantra:

Jesus, help me to love as you love!”


A Dios le gusta desafiar los márgenes y las fronteras personales y políticos que los seres humanos hemos establecido. La Primera Lectura de hoy dirige nuestra atención al Libro de Éxodo, donde se habla de los límites de nuestra actitud y nuestra conducta moral, que debe de ser inspiradas por la justicia social — y sobre todo en cuanto se refiere al extranjero y al marginado.


En el Libro de Éxodo es importante recordar que a los hijos de Jacob Dios les libertó de la esclavitud en Egipto. El tema de la liberación de la opresión es el fundamento más básico --- no solamente del Libro de Éxodo sino de todo el Antiguo Testamento. La liberación del pueblo de Dios y la llamada a comenzar una nueva vida en la Tierra Prometida nos deja ver cómo se formaba en el pueblo un sentido de su propio ser corporativo. A su pueblo frágil, pobre y sin poder Dios le prometía la protección, y le prometía también oídos abiertos para escuchar sus gritos de dolor. Del mismo modo Dios le había prestado atención a su pueblo sufrido y le había enviado a Moisés para afrontar los poderes de Egipto.


Al inscribir en el corazón de su Pueblo Escogido el relato del éxodo, Dios estableció en ellos el motivo de vivir de acuerdo con los Dos Mandamientos más importantes — porque el amar a Dios y el amar al prójimo son los mandatos principales que posibilitan todas las demás decisiones morales.


¿Aceptamos estas bases fundamentales?


Si decimos que amamos a Dios tenemos que reconocer el código moral que forma la tradición moral judea-cristiana. No es lícito oprimir ni abusar de un ser humano, sea que sea la razón. A esta moral fundamental está llamado todo cristiano bautizado que Cristo ha llevado a la tierra prometida de la salvación y de la gracia. A los cristianos no nos está permitido armar fronteras en el paisaje que Dios nos ha prestado. Al contrario. Con los corazones abiertos nos dedicamos a la hospitalidad radical y al amor sincero hacia el prójimo.


Los Obispos católicos de los EE.UU en las últimas décadas han prestado atención a la bienvenida que se debe a todo inmigrante, que ya no son extranjeros. Además los mismos obispos denuncian la larga historia de prejuicio y de racismo que ha manchado la vida de los americanos-africanos en los EE.UU. — sin mencionar los crímenes terribles del linchamiento y del nacionalismo blanco. Todo esto debe de unirnos en solidaridad, unos con otros, de acuerdo con la llamada a la liberación que Dios lanzó en el Éxodo. Si Jesús nos libertó con el poder de su gracia, la llamada a la justicia se convierte en una ley de amor, inscrita en el corazón y proclamada en alta voz.


Como la familia parroquial que somos, no dejemos de caminar unos con otros, mientras oramos:


¡Jesús! ¡Ayúdame a amar como tú!



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