• Paulo K Tiról

1/10/21: “The Lord will bless his people with peace” (Psalm 29)



This Sunday we celebrate throughout the Church the Baptism of the Lord. For all of us at St. Aedan’s it is the last Sunday to view the beautiful Christmas decorations before several parishioners and the Saint Peter’s University Facilities Team take everything down on Monday. The Baptism of the Lord closes the Christmas season and begins for us a journey with Christ on the road of his public ministry as our Messiah, Savior and Lord. What will we discover as we journey with him in the weeks to come and in this New Year?


After the events of this week that unfolded before our eyes this Wednesday in Washington, D.C. , it strikes me that Jesus is inviting us to begin that journey with a deep meditation on today’s Psalm: “The Lord will bless his people with peace.” The Jesus of Nazareth, who was born in humble estate, grew up in the carpenter’s house and presented himself to his cousin John for Baptism, invites us to journey with him on a road of healing and reconciliation. His invitation to us is stronger than ever and truly echoes the Prayer of St. Francis: “Make me an instrument of your peace.” Our world so needs this peace, but the events of this past week is focusing us as U.S. Catholics to see the discord and division in our very midst. How can we be those peacemakers and healers of our country at this time? As Cardinal Tobin wrote to all of us on January 7th:


“If we wish to claim it, Catholics have a legacy that is crucial to the healing of the nation. Our faith includes a commitment to mutual respect, dialogue, and the principles on which our democracy is based. We must come together as one nation under God, who loves and bestows dignity on all.”


To help us in our prayer these days and weeks ahead, I would like to share a spiritual exercise from St. Ignatius Loyola that is called, A Colloquy with Jesus. The translation of this spiritual exercise is offered to us by Fr. Joseph Tetlow, SJ:


At the end, I turn to Jesus Christ, hanging on His cross, and I talk with Him.

I ask how can it be that the Lord and Creator should have come from the infinite reaches of eternity to this death here on earth, so that He could die for our sins.

And then I reflect upon myself, and ask:

What have I done for Christ?

What am I doing for Christ?

What ought I do for Christ?

And I talk with Jesus like a friend.

I end with Our Father.

“El Señor bendecirá a su pueblo con paz”

(Salmo 29)

Este domingo se celebra la fiesta del Bautismo del Señor. En nuestra parroquia es el último domingo para ver las hermosas decoraciones navideñas antes de que sean quitadas por varios feligreses y por el equipo de instalaciones de la Universidad de Saint Peter's. La fiesta del Bautismo del Señor cierra la temporada navideña y abre ante nuestros ojos un viaje con Cristo, nuestro Mesías, Salvador y Señor, en el camino de su ministerio público. ¿Qué descubriremos mientras viajamos con él en las próximas semanas y en este Año Nuevo?

Después de los eventos de esta semana que se desarrollaron el miércoles en Washington, D.C., se me ocurre que Jesús nos esté invitando a comenzar ese viaje con una profunda meditación sobre el Salmo de hoy: "El Señor bendecirá a su pueblo con paz". Jesús de Nazaret --- que nació en condiciones humildes, creció en la casa de José el carpintero, y se acercó a su primo Juan para pedirle el bautismo, --- nos invita a caminar con él en sendas de curación y reconciliación. La invitación que Jesús nos extiende es más fuerte que nunca, y repite las palabras de la Oración de San Francisco: “Hazme un instrumento de tu paz”. En nuestro mundo hace falta la paz, y los eventos de la semana pasada nos llaman, como católicos estadounidenses, a ver la discordia y la división que hay entre nosotros. En este momento, ¿Cómo podemos ser instrumentos de paz y sanadores de nuestro país? Prestemos atención al mensaje del cardenal Tobin en su carta del 7 de enero:

“Si deseamos reclamarlo, los católicos tenemos un legado que es fundamental para la curación de la nación. Nuestra fe nos exige un compromiso con el respeto mutuo, el diálogo y los principios en los que se fundamenta nuestra democracia. Debemos unirnos todos como una sola nación bajo Dios, que ama y otorga dignidad a todos”.

Para ayudarnos a orar durante las semanas y los días venideros, me gustaría compartir uno de los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola que se llama, Una Conversación con Jesús. (La traducción de este ejercicio espiritual nos la ofrece el P. Joseph Tetlow, SJ:)

“Al final de mi oración, me dirijo a Jesucristo, colgado de su cruz, y hablo con él. Pregunto cómo es posible que el Señor y Creador haya venido desde los confines infinitos de la eternidad a una muerte atroz en este mundo, a fin de morir por nuestros pecados. Y luego reflexiono sobre mí mismo y pregunto:

¿Qué he hecho por Cristo? ¿Qué estoy haciendo por Cristo? ¿Qué debo hacer por Cristo? Y hablo con Jesús como un amigo.” Termino con el Padre Nuestro.

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